Pieza escénica multidisciplinaria que retoma elementos del pensamiento del pueblo aimara para reflexionar sobre el tiempo y nuestra concepción del ritmo de la vida a partir del uso e investigación de la escalera, desde su extrañeza, materialidad, cualidades y dimensiones particulares. No es una escalera para subir, sino un dispositivo de relación arquitectónica para complejizar el espacio y las tensiones entre las artistas y plegarse y desplegarse como una metáfora del tiempo y la memoria.
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