Pieza sonora e interactiva que cuestiona nuestras relaciones con lo no humano. Bioescultura generadora de O2, monitoreada para visibilizar condiciones ambientales internas y mediante datos, activar en una pantalla una serie de paisajes utópicos. La pieza puede ser afectada con el aliento del público, desapareciendo el paisaje en pantalla con el aumento de CO2 y mostrando datos sobre el impacto ambiental de las tecnologías que usamos. Un par de interfaces textiles son activadas mediante el tacto, haciendo sonar cantos generados por una IA, usando sonidos de agua recolectados en el Valle de México.
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